¿Qué tan importante es la fluidez de la sangre en los atletas?

Un reporte preliminar publicado el 5 de agosto del 2024, analiza los efectos del ejercicio submaximal en las propiedades reológicas y bioquímicas de la sangre en corredores de alto rendimiento. Los investigadores evaluaron a doce atletas de élite para determinar si el esfuerzo físico generaba alteraciones significativas en indicadores como la deformabilidad de los eritrocitos y los niveles de hierro o ferritina.

Cuando pensamos en el rendimiento de un corredor de élite, solemos fijarnos en su musculatura, su técnica de zancada o su capacidad pulmonar. Sin embargo, existe un factor «invisible» que determina si un atleta llegará a la meta en condiciones óptimas o si su cuerpo se rendirá ante la fatiga: la fluidez de su sangre.

Un estudio reciente realizado con atletas polacos de alto nivel nos ha permitido mirar bajo el microscopio para entender cómo el cuerpo se adapta al esfuerzo intenso.

La sangre como una carretera eficiente

Para que tus músculos funcionen, necesitan oxígeno. Ese oxígeno viaja en los glóbulos rojos, que deben atravesar capilares tan estrechos que a veces son más pequeños que ellos mismos. En una persona bien entrenada, estos glóbulos rojos no solo son abundantes, sino que son increíblemente flexibles.

La ciencia que estudia este fenómeno se llama hemorreología y, básicamente, analiza qué tan bien fluye nuestra sangre. Si la sangre es demasiado «espesa» o los glóbulos rojos son rígidos, el rendimiento cae.

El experimento: ¿Qué cambia tras una carrera de 3 km?

Los investigadores pusieron a prueba a 12 corredores de élite (clase nacional e internacional) en una prueba de 3 kilómetros a un ritmo exigente tras un calentamiento adecuado. Se midieron indicadores antes y después del esfuerzo, buscando cambios en el hierro, la ferritina y la elasticidad de sus células sanguíneas.

Lo que descubrieron fue sorprendente por su estabilidad.

En personas que no están acostumbradas a correr, el ejercicio intenso suele provocar alteraciones drásticas en la sangre. Sin embargo, en estos atletas de élite, casi todos los valores se mantuvieron estables.

  • Sin pérdida de hierro: A diferencia de lo que ocurre en esfuerzos extremos como los ultramaratones, los niveles de hierro y ferritina (nuestras reservas) no sufrieron alteraciones significativas.
  • Células resilientes: Los glóbulos rojos mantuvieron su forma y su capacidad de deformarse para seguir fluyendo sin problemas por los vasos más pequeños.
  • Una sola excepción: Solo se detectó un ligero aumento en el fibrinógeno, una proteína que ayuda en los procesos de reparación del cuerpo, pero incluso este incremento se mantuvo dentro de los límites saludables.

Es importante notar que, aunque normalmente un aumento de fibrinógeno incrementa la agregación de los glóbulos rojos, en este estudio no se observó esa tendencia de agregación, lo que refuerza la idea de que estos atletas poseen sistemas de adaptación y regeneración superiore

¿Por qué es esto una buena noticia?

La falta de cambios bruscos no significa que el entrenamiento no haya servido de nada; al contrario, es la prueba de un sistema hemorreológico altamente eficiente.

Un cuerpo bien entrenado ha aprendido a adaptarse al estrés físico de tal manera que puede regenerarse casi instantáneamente y mantener el equilibrio interno incluso bajo presión. Es, en esencia, una máquina perfectamente afinada donde el «combustible» (la sangre) circula sin fricciones innecesarias.

Conclusión para corredores y entrenadores

Este estudio nos recuerda que el entrenamiento inteligente no solo fortalece el corazón o las piernas, sino que también optimiza nuestra bioquímica interna. Mantener una hidratación adecuada y un control médico de estos indicadores puede ser la clave para evitar el sobreentrenamiento y asegurar que nuestra sangre siga siendo nuestra mejor aliada en la pista

Referencia: Estudio

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